lunes, 9 de enero de 2012

De lejos.

Y entonces la encontré sentada, bajo un árbol enano de pequeñas ramas y grandes hojas; con su cabello largo y sus botas negras, leía.
Absorta del mundo parecía que la historia cobraba vida entre sus manos y no se dio cuenta de mi primer saludo. Tanteando entre su cartera saco un cigarro me aproximé a encenderlo mientras me miraba muda, qué bella era.
De un hola, un silencio y un par de miradas quietas pedí tomarle una foto, nerviosa y un poco irritada me aceptó y logré hacer dos tomas como sus ojos tristes, dos.
Deseé quedarme pero su mirada de mí se apartó, quise volver a verla pero entre su mar de hermoso cabello negro, desapareció. Marché.

Todavía guardo sus fotos entre las más viejas, entre las más bellas, en mi corazón. Todavía le miro de lejos, le ofrezco fuego y le hablo de dos.


"La vida -te lo digo por experiencia- es un largo embrutecimiento."